Vivimos en un mundo en el que cada vez más a menudo las personas pueden expresar públicamente su opinión, pero una opinión no puede carecer de una reflexión.
Una idea no es nada por sí sola, requiere una estructura fruto del análisis mental en el cual se contraste lo bueno y lo malo de la misma y, por supuesto, requiere también de un mínimo diálogo con los pensadores de la humanidad que ya se acercaron a ella.
Si no se realiza ese esfuerzo hay una renuncia al bagaje de la humanidad y se está concediendo permiso a cualquiera para reescribir lo ya sucedido a su antojo, convirtiendo a grupos en rebaños.
